En muchos lugares de Brasil la cultura de la playa es una religión que compite con el catolicismo por las mentes y corazones de la gente. Ningún carioca (habitante de Río de Janeiro) que se respete deja pasar más de dos semanas sin poner sus pies en la arena de una playa. Es una de las pocas cosas de Brasil que están disponibles tanto para el rico como para el pobre. La única cosa que los diferencia en este escenario es el diseño de sus bikinis y los estilos de peinado que llevan.
A menudo pareciera que el mar no tiene nada que ver con la experiencia de ir a la playa. Por todo el ritual de posar y coquetear tomando agua de coco, muy pocos parecen notar el increíble paisaje de alrededor. De hecho, en Río, algunos días la playa está tan atestada que es muy difícil ver el mar.
Lo más chic en la playa es llevar un bikini o una bermuda muy apretados pero ir desnudo es algo completamente inmoral. Parece que esos 3 cm. de ropa hacen toda la diferencia cuando las chicas brasileras salen del mar con las gotas del mar resbalando por sus cuerpos.
Si usted quiere ir a nadar pídale a alguien que le guste que le cuide sus cosas – así evita que los ladrones le quieten sus cosas y además tiene la oportunidad de comenzar una charla después de nadar.
Muchos brasileros gastan la mayoría del tiempo del día pensando en sus apariencias. Es la playa el lugar en donde pueden mostrar los resultados de las largas horas de gimnasio.

