El nordeste de Brasil tiene algunas de las más hermosas playas del mundo; sin embargo, la zona es la menos privilegiada en donde el hambre y la pobreza son el pan diario de la mayoría. Las ciudades grandes han convertido sus playas en un basurero pero si se dirige hacia las afueras se encuentran pueblos que sobreviven a pesar de los turistas del fin de semana y los impactos de la pesca.
Olinda es uno de los lugares más escénicos en el mundo y fue declarado patrimonio de la UNESCO. Es un pueblo donde predomina la arquitectura colonial, es también un lugar donde se reúnen la escena musical y artística. Cerca a Recife también se puede dar un buen encuentro de música, pero puede ser algo peligroso.
La gran cantidad de pueblos de Maceio, Joao Pessoa y Fortaleza están bien si usted conoce gente en ellos. De lo contrario pueden ser muy aburridores a pesar de sus playas.
Después se puede encontrar algunos pueblos playeros dispersos a lo largo de la costa donde puede haber algo interesante. Los pueblos de pescadores se encuentran de repente lleno de brasileors acomodados que vienen a demandar un poco de fiesta. En estos pueblos es común encontrar personas que quisieron salir de la abrumadora ciudad y vivir de manera calmada y simple.
Pipa es un pueblo moderno, justo al sur de Natal, en donde se puede nadar al lado de los delfines – algo que nunca pierde su magia.
Jericocoara y Canoa Quebrada, aún más al norte, son pueblos con buenas playas también pero con dunas de arena roja y atardeceres sobre el mar.
Más al sur en Bahía se encuentran Trancoso y Arrial de Ajuda donde los europeos y viajeros israelitas se reúnen a festejar en Brasil.

